Fabiola de la Torre recibió a Jean Picazo en su podcast para una conversación que va más allá de las técnicas y los consejos prácticos. Hablan de algo más fundamental: la intención con la que una persona vive su sexualidad y su relación de pareja — y cómo esa intención lo cambia absolutamente todo.
Una educación sexual que enseñó culpa, no placer
Jean empieza por el origen. No es sexólogo ni terapeuta — es artista plástico, publicista y comunicador. Y decidió escribir sobre sexualidad precisamente porque notó las fallas de la educación sexual que recibió la mayoría de las personas: construida sobre tabúes, prejuicios y mensajes religiosos que asociaron el placer con la culpa durante generaciones.
El resultado es que la mayoría llegamos a la vida adulta con una visión del sexo profundamente limitada. No por falta de interés, sino por exceso de condicionamiento. El libro Vuélvelas Locas nació del deseo de proponer un “reset”: desaprender lo que no funciona y reconectar con la propia sexualidad desde la presencia, el autoconocimiento y la empatía.
El mito que más daño ha hecho: “los hombres no saben coger”
Jean lo menciona de nuevo — porque es la frase que más escuchó y la que más lo movió a escribir. No como provocación, sino como diagnóstico que escuchó repetirse en conversaciones con mujeres de distintas edades y contextos.
Su lectura va más allá de la queja: si los hombres no saben, es porque se les enseñó a entender el sexo como un desahogo fisiológico. Una necesidad que se resuelve rápido y que termina cuando ellos terminan. Esa visión no deja espacio para el proceso de la mujer — que es más largo, más contextual, más dependiente de la seguridad emocional y la complicidad.
Y por otro lado, a las mujeres históricamente no se les permitió conocer ni explorar su propio cuerpo sin culpa. El resultado: dos personas en la misma cama que no se han dado los permisos básicos para estar ahí de verdad.
Amor consciente vs. seducción que solo busca novedad
Uno de los momentos más potentes de la conversación es cuando Jean distingue entre buscar novedad saltando de pareja en pareja — que puede traer estimulación temporal — y construir un vínculo profundo y sincronizado con una pareja estable.
La sexualidad consciente transforma el acto sexual en algo que va más allá de lo físico: se convierte en una herramienta de evolución personal, de conexión energética, de intimidad real. Eso solo es posible cuando hay un vínculo construido con tiempo, honestidad y disposición mutua a crecer.
El placer más profundo, dice Jean, no se encuentra en la novedad constante. Se encuentra en la profundidad. Y la profundidad requiere tiempo, confianza y compromiso.
El autoconocimiento como punto de partida
Fabiola refuerza este punto desde su propia perspectiva: una relación sana con los demás parte siempre del autoconocimiento individual. Muchas personas buscan en la pareja el alivio de carencias o heridas que no han trabajado en sí mismas. Y eso convierte la relación en un lugar donde se depositan expectativas que ninguna persona puede cumplir.
La consciencia, en este sentido, no es un estado que se alcanza de una vez. Es un proceso continuo: darse cuenta de los propios patrones, de las propias sombras, de las creencias que se arrastran sobre el amor y el sexo — y elegir actuar desde un lugar más libre y más honesto.
La intención lo cambia todo
Jean y Fabiola coinciden en un punto que puede sonar abstracto pero tiene implicaciones muy concretas: la intención con la que se tienen las relaciones sexuales marca la diferencia entre una experiencia que agota y una que suma.
Cuando la intimidad se intenciona desde el amor genuino, desde el dar sin agenda, desde el deseo real de que el otro disfrute — el intercambio tiene una calidad distinta. Eso aplica incluso en encuentros casuales: la intención de cuidar al otro, de estar presente, de no usar sino conectar — cambia la experiencia para ambos.
En una relación estable, esa intención es lo que distingue el sexo rutinario del sexo que sigue siendo un espacio de encuentro real, años después de que la novedad inicial haya pasado.
Diferencias entre hombres y mujeres: biología, no jerarquía
Jean desmiente un mito que ya ha abordado en otras entrevistas pero que aquí desarrolla con más profundidad: la idea de que los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres. No es verdad. Tienen el mismo potencial biológico y energético.
Lo que sí es diferente es el proceso. Los hombres tienden a respuestas más directas e inmediatas. Las mujeres tienen procesos más sofisticados que dependen de múltiples variables: el estado emocional, la sensación de seguridad, el contexto, el nivel de estrés. Ignorar esa diferencia no es respetar la igualdad — es negar la realidad.
La evolución sexual masculina, dice Jean, pasa por dejar de centrarse en el propio orgasmo y aprender a enfocar la atención en el placer y el gozo de la mujer. No como sacrificio — como descubrimiento. Porque cuando eso sucede, el nivel de la experiencia para ambos se eleva de forma radical.
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