Martes. Diez y media. Después del noticiero.
Si puedes predecir con esa precisión cuándo va a pasar, ya tienes un problema.
La rutina sexual es como el agua caliente en la regadera: en el momento no te das cuenta de que se está acabando, y de repente el chorro está frío y ya no hay nada que hacer. Llega despacio, sin avisar, disfrazada de estabilidad y comodidad. Y cuando te quieres dar cuenta, el sexo dejó de ser algo que deseas y se convirtió en algo que “toca.”
Las preguntas que revelan todo
¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo en un lugar que no fuera la cama? ¿Cuándo fue la última vez que cambiaste algo — lo que fuera — en la forma en que empiezan las cosas? ¿Cuándo fue la última vez que tu pareja se sorprendió?
Si tienes que pensar mucho para responder, bienvenido al club más grande del mundo.
Por qué la rutina mata el deseo
La rutina no es mala porque sea aburrida. Es mala porque mata el deseo. Y el deseo, una vez muerto, es muy difícil de resucitar. El deseo necesita novedad. Necesita algo que no sabía que iba a pasar. Necesita esa pequeña chispa de “esto es diferente.”
No tienes que reinventar el universo. No necesitas un catálogo de juguetes ni un curso de tantra. A veces basta con cambiar el día. Con empezar diferente. Con no ir directo al grano y quedarte un rato más en el camino.
La rutina se rompe con decisión, no con inspiración
Nadie se despierta un día sintiéndose creativo en el sexo. Tienes que decidir que vas a hacer algo distinto antes de tener ganas de hacerlo.
Porque las ganas — esas que recuerdas de cuando empezaron — no regresan solas. Regresan cuando les das razones para regresar.
Dale a tu pareja una razón esta semana. Una sola. Y ve qué pasa.
GUÍA COMPLETA
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