Prejuicios, tabúes y culpas en el sexo

Todos llegamos al sexo con maletas llenas de prejuicios, tabúes y culpas que no escogimos. La pregunta es: ¿ya sabes qué traes en las tuyas?

Antes de entrar a la cama por primera vez, ya traías maletas. Maletas llenas de lo que te enseñaron — o lo que no te enseñaron — sobre el sexo. Lo que tu mamá nunca dijo pero dejó muy claro. Lo que la religión marcó como límite. Lo que los compañeros del colegio presentaron como norma. Lo que el porno mostró como realidad.

Todo eso llegó a la cama contigo. Y sigue ahí.

Los prejuicios que no sabemos que tenemos

El más común: que hay formas “correctas” e “incorrectas” de disfrutar el sexo. Que ciertas prácticas son normales y otras no. Que ciertos deseos están bien y otros son señal de algo malo en uno.

Esos juicios no vienen de la experiencia propia — vienen de lo que otros dijeron que debíamos pensar. Y operan de forma automática, sin que los cuestionemos.

Los tabúes que limitan sin proteger

Hay tabúes que tienen sentido — protegen el consentimiento, la seguridad, la dignidad de las personas. Esos hay que mantenerlos. Y hay tabúes que solo limitan el placer sin proteger nada — que existen solo porque alguien, en algún momento, decidió que así debía ser.

Distinguir entre los dos es uno de los trabajos más importantes que puede hacer una persona sexualmente consciente.

La culpa que nadie pidió

La culpa sexual más dañina es la que aparece después de haber disfrutado algo. No porque alguien se haya lastimado. Sino porque una voz interna — instalada años atrás — dice que no debías.

Esa culpa no es tuya. Es prestada. Y se puede devolver.

GUÍA COMPLETA

La educación sexual que nadie te dio → Educación sexual real: la guía completa

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