Ahí está. Lo dije. Y sé que tu primer instinto es cerrar esta página. Pero antes de que lo hagas, pregúntate algo: ¿cuántas veces has terminado una noche de sexo sintiéndote el campeón del mundo… y tu pareja se quedó en silencio, dando la vuelta hacia la pared? ¿Cuántas veces ella dijo “estuvo bien” con esa cara que claramente decía otra cosa?
Exacto.
El problema no es el deseo — es la ignorancia
El problema no es que los hombres seamos malos amantes por naturaleza. El problema es que nadie nos enseñó. Y lo que es peor: nadie nos dijo que había algo que aprender.
Crecimos con dos fuentes de educación sexual: el porno y los cuates. El porno nos mostró acrobacias de gimnasio filmadas para una cámara, no para una persona real. Los cuates nos contaron hazañas que probablemente eran mentira. Y con eso nos lanzamos al mundo creyendo que ya sabíamos.
El hombre que no sabe que no sabe
¿Sabes qué pasa cuando un hombre no sabe que no sabe algo? Que nunca lo aprende.
El médico que estudió medicina sabe que hay cosas que no sabe. Por eso sigue estudiando. El chef que se formó en una cocina sabe que hay técnicas que no domina. Por eso sigue practicando. Pero el hombre promedio en la cama cree que el instinto lo cubre todo. Que con querer ya es suficiente.
No lo es.
Hay hombres que llevan 20 años casados y todavía no saben dónde está el clítoris. No porque sean malas personas. Sino porque jamás nadie los cuestionó, y ellos jamás se cuestionaron a sí mismos.
La buena noticia
El sexo se aprende. El buen sexo se construye. Y el hombre que decide entender qué está pasando realmente en la cama… ese sí que se convierte en el amante que su pareja recuerda.
Pero el primer paso es incómodo: admitir que no sabemos.
¿Puedes con eso?
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La educación sexual que nadie te dio → Educación sexual real: la guía completa