Manual del amante perfecto

Semana 3: CONÓCETE MÁS

Llegar a ser un gran amante requiere no solo conocer profundamente a tu pareja sino que, antes que otra cosa, conocerte profundamente a ti mismo: tus necesidades, gustos, limitaciones, capacidades y aspiraciones.

La masturbación es un delicioso ejercicio que, además de aportarte grandes beneficios similares a los del sexo en pareja, tal como lo describo en mi libro y en otros contenidos, es una forma de conocerte y dominar tu propio placer. Claro está, siempre y cuando lo practiques dentro de los parámetros de lo sano y no como un vicio que interfiere con tus demás actividades o que reemplaza los encuentros sexuales con tu pareja.

Usualmente, uno se masturba para desahogar la calentura, haciendo una pausa rápida en las actividades cotidianas o como regalito antes de comenzar el día o de concluirlo con broche de oro. Por esta razón y sin darnos cuenta, nos entrenamos a nosotros mismos para venirnos rápido, pues así lo practicamos una y otra vez en nuestras escapadas puñeteras. Rara vez le dedicamos (nos dedicamos) el tiempo, la atención y el cariño que merece una sesión íntima con nosotros mismos.

Así es, tal y como nuestra pareja desea que le dediquemos el suficiente tiempo durante los encuentros sexuales, uno también debe procurarse de vez en cuando ese tiempo para sí mismo, pues jalarle el cuello al ganso no solo se trata de liberar nuestra tensión sexual sino que es una oportunidad para entrar en contacto profundo con uno mismo, un espacio para experimentar, conocerte, entrar en consciencia de tu cuerpo, mente y emociones, desarrollar tus capacidades y, sobre todo, consentirte a ti mismo como te lo mereces, sin prisas ni pichicateos.

Reto de la semana: CONSIÉNTETE DURANTE MEDIA HORA

Encuentra un momento para estar solo durante media hora y regálate un mano a mano Shakira – Manuela Torres como Dios manda (así es, Dios ordena que te quieras, te procures y te consientas como lo dice el Evangelio según San Goloteo). El objetivo es llevar tu sesión más allá del simple desahogo de una mera necesidad fisiológica, se trata de entablar un contacto profundo contigo mismo y darte la oportunidad de sentir, de experimentar, de descubrir, de conocerte mejor y ser consciente de tus sensaciones y posibilidades.

Primero que nada, haz consciencia de todo tu cuerpo: desnúdate completamente, recuéstate o siéntate cómodamente, cierra los ojos, haz tres respiraciones profundas y suelta el aire lentamente después de cada aspiración. Relájate por completo y ve recorriendo mentalmente cada centímetro de tu cuerpo, desde los dedos de tus pies hasta tu coronilla. Siente cada parte, cada músculo, cada tejido, piensa que tu cuerpo se va despertando centímetro a centímetro conforme lo recorres. No pienses en nada más, concéntrate en sentir tu cuerpo.

Una vez que terminaste, utiliza tu imaginación y tus recuerdos para comenzar a excitarte. Siente cómo la sangre fluye hasta tu zona genital y empieza a tocar tus muslos, tu pelvis, tus ingles, tus nalgas, muy suavemente, utilizando solo las yemas de tus dedos e imaginando que es la mano de una mujer. Finalmente llegarás a tus órganos sexuales. Involucra texturas como crema, alguna tela pachoncita o una pluma, objetos que vibren (un aparato de masajes o un juguete sexual) y así. Explora toda el área una y otra vez… explora cada centímetro de tus órganos, cambia el ritmo, la presión, los movimientos de tus dedos, jala, frota, soba, masajea, en fin. Este pequeño retiro espiritual te dará nuevas ideas, te mostrará nuevas posibilidades y, sobre todo, te entrenará para tomarte tu tiempo, para prolongar tu excitación y retrasar tu orgasmo. Y una vez que experimentes el darte placer sin prisa, con consciencia y con tu sensibilidad más despierta, imagina qué pasaría si haces lo mismo con tu chica en el próximo encuentro.

De nada.

Coge mejor. Vive mejor.